El cabello es históricamente asociada a la virilidad, a la fuerza y el atractivo físico de la persona, la ausencia o caída del cabello, genera un rechazo de quien la sufre y a su vez un rechazo de las demás personas hacia quien la padece. En un principio se asociaba la caída del cabello como la pérdida de la virilidad, fuerza y liderazgo del hombre, en la actualidad se limita más al apartado del atractivo físico, y hasta se ha dicho que la alopecia es un símbolo de masculinidad por su principal causante, un aumento de las hormonas masculinas en el caso de la alopecia androgenética.

Desde tiempos mitológicos se puede observar esta asociación de cabello-virilidad-fuerza, como es el caso de la historia de ‘Sansón’, aquel corpulento hombre con una fuerza sobre natural, que poseía una larga cabellera, y tiene bajo su legado un centenar de hazañas cada una más sorprendente que la otra. Se decía que esa increíble fuerza provenía de su cabello. Hasta que un día envuelto en intimidad con Dalida, ‘Sanson’ le confiesa el origen de su poder, y al quedarse dormido, la mujer hace que le corten el cabello despojándolo de su fuerza y entregándolo a los filisteos.

El cabello ha tenido importancia y preocupación a lo largo de la historia, esa importancia del cabello no ha tenido fronteras culturales, en el caso específico de Japón los Samuráis y su famoso ‘Chonmage’ ese corte peculiar, el cuál era un signo de estatus social, el sufrir el corte de la cola se tomaba como vergüenza y era una manera de deshonrar al guerrero samurái vencido en batalla.

De igual manera, la preocupación y obsesión por la caída del cabello atormenta posiblemente desde el principio de los tiempos, se puede conocer que los antiguos egipcios tenían diversos remedios para luchar en contra la caída del cabello. Ejemplo de ello se describe en la ‘Encyclopedia of Hair: a Cultural History’ de Victoria Sherrow, cuando La madre del Rey Chata de Egipto recomendaba un remedio que contenía de garras de perro, dátiles y pezuñas de burro molidas y cocinadas en aceite y frotar sobre el cuero cabelludo esta preparación.
El Papiro Ebers, uno de los más antiguos tratados médicos conocidos, fue redactado en el antiguo Egipto en el año 1950, contiene entre sus líneas un par de remedios para combatir la caída del cabello, ambos para untar sobre la zona a tratar.

En la antigua Grecia.

En la Grecia antes de Cristo, de los grandes pensadores y filósofos, ya se buscaban remedios y se estudiaban posibles causas de la alopecia. El padre de la medicina, Hipócrates, ideó par de remedios, uno de ellos era una mezcla de esencia de rosas, opio, vino y aceite de oliva y otra con cominos, heces de pichón, rábano picante y ortigas.
El gran filósofo y científico Aristóteles, creía que al untar orina de cabra sobre su cabeza detendría su alopecia. Así mismo, llegó a la conclusión que los eunucos (personas castradas) y la mayoría de mujeres no sufrían de alopecia. Deducción que se acerca a una de las principales causas de caída del cabello, como lo es la alopecia Androgénica, en la cual las hormonas masculinas, específicamente los andrógenos afectan el folículo piloso.

La caída del cabello en el trono.

Se conoce que en la Antigua Roma, el más grande emperador Julio Cesar, sufría una guerra oculta contra la caída del cabello que lo aquejaba, llegando a solicitar al senado portar permanentemente la corona de laurel, la cual era usada únicamente en la celebración de los juegos olímpicos, consiguiendo portarla en todo momento y de esta manera ocultar su pronunciada calvicie. Otro intento de Julio Cesar para combatir su pérdida de cabello, fue un remedio recomendado por su amiga y Reina Egipcia Cleopatra, el cual contenía: manteca de oso, médula de ciervo, dientes de caballo y ratones domésticos tostados.
Otros emperadores romanos como Tiberio y Domiciano, ocultaban su alopecia con elaborados peinados y pelucas. Situación que demuestra que la alopecia ha atormentado al hombre y al igual que en otrora, sigue siendo un factor que en la mayoría que la persona no logra asimilar y busca solventarla o taparlo con cualquier alternativa.

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